Manel, el hombre que pasó 35 años en coma tras una caída: «Me dormí con 22 años y me desperté con 58»

Adolfo Suárez era el presidente del Gobierno, la Constitución acababa de entrar en vigor y se iniciaron las negociaciones de la adhesión de España a la Comunidad Económica Europea. El SMI alcanzó las 20.700 pesetas al mes y el Ford Fiesta consiguió romper la hegemonía de SEAT, convirtiéndose en el coche más vendido del año.

El Real Madrid revalidó el título de Liga, con el Sporting de Gijón a cuatro puntos, y el Pichichi se lo llevó el austriaco Krankl, fichaje del Barça que anotó seis goles más que Quini. En la radio sonaban Bee Gees, Camilo Sesto y Ana Belén, en los puestos más altos de Los 40 Principales, que se alejaba del programa original e inauguraba sus primeras emisoras exclusivas.

En un resumen rápido, así era España en 1979, el año en el que Manel Monteagudo sufrió un accidente que le dejó en estado vegetativo durante 35 años.

Manel comenzó a trabajar de marinero a los 14 años. Primero en el sur de África, después en la Marina Mercante Española y con 17 años se trasladó a Alemania en busca de mejores condiciones económicas. Enrolado en un mercante alemán que partió de Bremen, a la altura de Basora (Irak), Manel se precipitó desde una altura de seis metros, golpeándose la cabeza y entrando en coma. Era el 28 de febrero de 1979, el día que cumplía 23 años.

Durante los primeros meses permaneció en un hospital de Irak, luego pasó unos años en un hospital de Coruña y por último le llevaron a casa, donde le cuidó su novia de entonces y su actual esposa, Conchi, durante la mayoría de los años que estuvo «dormido».

Explica que, según los médicos, «el coágulo que tenía en la cabeza, que todavía lo tengo, no se podía sacar, que estaba en un sitio muy malo». «A mi mujer le decían que cualquier día cuando se despertase me encontraría frío. Nada más. Mi camino era el cementerio. Le decían a mi esposa que asumiera que estaba muerto en vida», ha asegurado en una entrevista en La hora de la 1.

Manel no volvería a abrir los ojos hasta el 15 de octubre de 2014, 35 años después. «Mi primera impresión es que el accidente lo tuviera el día anterior, que estaba en un hospital, pero en Basora. En ningún momento fui consciente de que estaba en España, yo pensaba que era el día siguiente del accidente», explica que fueron sus primeras impresiones al despertar.

A su lado, como durante tantos años, estaba Conchi. «Para mi era mi novia, yo no soy consciente de que ya era mi esposa. Tan pronto le vi la cara, la reconocí. Lo que no me encajaba para nada era el cabello, porque tenía muchas canas», recuerda Manel. Sin embargo, no podía expresarse con palabras, no podía preguntarle nada a su esposa. Tras tanto tiempo en su estado, debía pasar por una rehabilitación para poder volver a hablar, a ir al baño o a caminar.

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